MI CAMINO HACIA COACHING.DAI

COACHING.DAI

MI CAMINO

para qué – por qué – desde dónde – hacia dónde


De la salvación a la creación del mundo.

Siempre quise “salvar el mundo”, por eso me gradué en Derecho y Ciencias Políticas. Resolví mis dudas, cumplí mis propósitos, desarrolle mi racionalidad y el cómo utilizarla, padecí y disfruté el descubrir y darme cuenta de muchas cosas.

Y, sobre todo, aprendí lo que no quería y no me correspondía hacer en este espacio-tiempo, y me acerqué a lo que sí me constituía, a mi naturaleza y mi esencia.

Poco a poco, comprendí que, al igual que a una obra de arte, al mundo también había que crearlo, diseñarlo y soñarlo. Crear es una pieza fundamental en mi naturaleza y en la de todos. La creación como puerta al “más allá” y a la potencialidad pura, a lo que traspasa la materialidad de las cosas e incluso, de repente, se puede tocar.

Tras terminar la Universidad y una temporada viviendo en Islandia, el Coaching llegó a mi vida un poco por sorpresa, y me acerqué a él con ciertas dudas. La curiosidad, la necesidad de conocer para creer (o no) y, sobre todo, la confianza de que todo lo que ha llegado a mi vida es por algo que necesito ver, hicieron que pudiera experimentar el poder y la magia de este arte.

Formándome, observé en mí algo que se conectaba directamente con el Coaching: mis ganas por hacer del mundo un lugar mejor; la creencia de que la primera revolución, sin duda, es la interna, la propia, la de todos los días, por la que todo empieza y, algún día, termina (o no); y además, me permitía seguir creando consciencia y realidades y acompañando a personas para que lo hicieran.

E inspirando todo esto: el valor y poder del equilibrio y el punto medio de todas las cosas. Compaginar la parte intelectual y más técnica del conocimiento y la ciencia con la magia de crear oportunidades y espacios de consciencia, conocimiento, sabiduría, poder, cambio, luz, sueños, paradojas y sorpresas… La magia de no saber nada para conocer más… Todo esto es es, entre otras cosas, Coaching.


Alma e intención.

He crecido sintiendo y creyendo en la importancia del cuidado del alma y la esencia. Y en el poder de la gestión emocional y el desarrollo a todos los niveles.

También en el valor de la intención a la hora de relacionarnos con el entorno y nosotros mismos. Todo lo que creamos, tocamos, vemos, etc. se impregna de nuestra esencia, alma e intención. Y es así cómo lo hacemos vivo, y con ello todo a su alrededor.


Escribir, escribir, escribir…

Lo disfruto, me apasiona, me ayuda, me acompaña, desde siempre y para siempre. Reflexionar, profundizar, investigar y concluir sobre lo que siento, veo y entiendo.

Escribir como medio de profundización y transformación personal. También a la hora de desarrollar, diseñar o crear conceptos, productos, sistemas y organizar las partes de un todo dándoles coherencia de forma global.


Lo que es tiempo y lo que no lo es.

Pasado: antiguos presentes que me ayudaron a estar hoy así y aquí. Los libero y dejo existir cómo y dónde les corresponde, desde el respeto, el aprendizaje y la aceptación.

Futuro: una vuelta a la esencia en las cosas, al origen, hacia lo que necesito y quiero vivir.

Presente: lo que veo, entiendo y siento en este instante. El no-tiempo, plenitud.


Creciendo hacia la plenitud.

Tomo la vida como una oportunidad de crecimiento constante. Mi misión es vivir mis días en plenitud. Sabré que he logrado la plenitud, cuando no necesite ni nombrarla. Sé que estoy en plenitud cuando no necesito estar en ella y, de repente, la soy.

Y a la vez, en mi misión, acompañar a esa parte del mundo y de vidas que se conectan a la mía en sus procesos, compartiendo con ellas todo lo que he ido recopilando en mi.


Un sistema de piezas imprescindibles…

Somos partes interdependientes, necesarias y constituyentes de un sistema mayor en el que nos integramos de forma perfecta. Cada persona, cada alma, como pieza de este mecanismos, tiene encomendada una función única dentro de él. Así, cada individuo se convierte en único responsable de desenvolver esa función de la mejor forma posible.

Todo lo que emana de uno mismo, repercute en el resto. Todas las piezas, son necesarias en la unidad. Todo lo que nos rodea, no es más que parte de nosotros mismos, y nosotros de ello.

Somos olas en un mar infinito de sabiduría e impermanencia.

¿Coacheamos?

🙂

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